Querida pereza

¡Oh tú a quien el placer forma el ser!

¡maldigo tu existencia y mi amor por ti!
¡perra seductora,
te alimentas con mi tiempo y te burlas de mi dolor!
pero te dejaré,
yo lo sé,
me desprenderé de tus garras y sangrarás sobre mi cuerpo.
Creceré y me burlaré de tu desgracia,
tus labios ya no me deleitarán y jamás me volveré a entregar a ti.
Ahora yo seré tu dueña
y tú me obedecerás,
desde ahora no saldrás de mi cama, y tu único refugio será mi almohada.

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