Cuna

                                                                      

Yo sólo quería mirar tus ojos y beber el blanco elixir de tu amor mientras tus suaves manos acariciaban mi rostro.
Esperaba robarte sonrisas y besos miles de veces al día y sentir el calor de tu cuerpo cuando me estrecharas a él.
Quería inundar tus ojos de alegría cuando me levantara sosteniéndome del sillón y tomar la tercera parte de tu mano para caminar a mi ritmo por el parque.
Imaginé que te cautivaría con una sola palabra.
Prefería que lloraras cuando yo me alejará por primera vez de ti, aunque fuera una ausencia de algunas horas.
Pensé que querías leer mis primeros poemas y enmarcar mis primeros cuadros para hacerme un altar tan grande como el que yo te hice.
Creí que querías enseñarme el mundo, que me involucrarías en casi todas tus actividades y que no podrías concebir la vida sin mí.
Sólo quería que te enorgullecieras, que a cada logro mío una lágrima de alegría rodara por tu rostro.
Me había preparado para los gritos, los regaños y las palabras dolorosas de falso odio.
Supuse que antepondrías mis necesidades sobre las tuyas.
Pensé que te sentirías realizada al verme hecho un hombre.

Soñé que la voz se te ahogaría en llanto de alegría cuando te dijera que me iría con otra para formar una familia y que no verías la hora para volverme a ver. 
Creí que seríamos felices, sin embargo te has ido arrastrando lentamente los pies, con los muslos manchados de sangre, sosteniéndote de las paredes con las manos vacías y el cabello empapado de sudor, y yo estoy aquí, viendo pasar por mis ojos una vida que nunca viví, rodeado de enormes animales grises e insectos que revolotean sobre mi cabeza, sintiendo el frío de la ciudad entrar por mis poros mientras mi piel se pinta del color del cielo. Ahora me doy cuenta que la vida es muy corta y que al nacer no todos tienen cunas de suave nube, sino que algunos tenemos tumbas de maloliente desprecio.


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