Elementos

Hubo una vez una ninfa que vivía muy contenta en las nubes, y cada que llovía bajaba a la tierra para convivir con las ninfas del bosque, pero una vez un sátiro la vio y se enamoró de ella, entonces la pretendió, pero a la ninfa no le gustaba, ella no era como las otras ninfas y lo rechazó, pero al sátiro no le pareció y se prometió tener a la ninfa a como diera lugar, así, comenzó a acosarla pero ella comenzó a fastidiarse, así que hizo algo que el sátiro había olvidado que hacían las ninfas, se transformo en otro ser, y al ser una ninfa de agua, se transformó en una tortuga para ocultarse en la inmensidad del mar, así, estuvo por mucho tiempo viajando del cielo al mar, jugando con las nereidas y sus hermanas del cielo, sin pasar por el bosque, esperando que el sátiro la olvidara, pero con el tiempo, comenzó a extrañar el calor de la tierra, el aroma de las flores, la suavidad del pasto y la amistad de las ninfas del bosque, así que estando un día en el mar en forma de tortuga, decidió asomar sus ojos por sobre las olas pero vio detrás de las rocas unos cuernos, supuso que era el sátiro, así que se sumergió pero se quedó contemplando bajo el agua la silueta que se acercaba, la cuál parecía que era de otro ser, uno hermoso. La silueta se acercó a la orilla del mar, y la ninfa sacó sus tortugases ojos, jamás había visto un animal tan bello, era un ciervo con el fuego del sol reflejado en sus ojos y una plegaria de amor en los labios.

Después de varias horas de contemplación, de la tortuga hacia el ciervo, y del ciervo hacia el sol, el ciervo entró en el bosque con la agilidad del viento, la tortuga salió del mar y trato de seguirlo, pero sus lentas patas se lo impedían, así que optó por transformarse en ninfa para alcanzarlo, pero al hacerlo el sátiro la vio y la atrapó mientras ella corría tras el ciervo, por más transformaciones y forcejeos que hizo la ninfa no se pudo liberar de las garras del sátiro, pero sus gritos llegaron hasta los oídos del ciervo, el cuál al ser un animal noble, corrió hacia ella para ayudarla, el sátiro no vio de donde salieron las astas que lo envistieron. Al sentirse libre la ninfa se transformó en cangrejo para protegerse de la pendencia que acontecía entre los cuernos. Las chispas volaban y las colisiones resonaban entre las montañas.

La ambición era la razón del sátiro, pero el ciervo tenía la fuerza de un corazón puro, así, ganó la batalla y dejó que su herido contrincante conservará la vida, con la condición de que no obligara a nadie más a amarlo. El sátiro se fue, con el orgullo más lastimado que el cuerpo.

El ciervo busco con la mirada entre los arbustos y encontró un pequeño caparazón anaranjado que lo enterneció, y, al no ser un ciervo cualquiera, se convirtió en un carnero de suave pelaje para no asustar al pequeño cangrejo, así, se acerco a él y acarició su caparazón con la nariz, el cangrejo salió y vio al carnero con el fuego del sol reflejado en sus ojos, sonrió y se transformó en tortuga pensando que tal vez la había visto antes y la reconocería, pero el carnero nunca la había visto antes, así que también sonrió y se transformó en ciervo de nuevo. El corazón de la tortuga se llenó de alegría al ver que no se había equivocado al reconocer esos ojos, se transformó en ninfa y acarició la cabeza del ciervo como señal de amor y de agradecimiento. El ciervo nunca había visto a una ninfa tan hermosa y se enamoró de ella al ver las olas del mar reflejadas en sus ojos, del mar al que le pidió felicidad, y como no era un ciervo cualquiera, decidió transformarse en su ser original, en el hombre del bosque cósmico.

Así, el amor creció entre la ninfa y el hombre del bosque cósmico, entre el cielo, la tierra, el fuego, el mar y las estrellas.