Rememorando

Mientras la luz espolvoreaba el nuevo refugió con risas y sueños él se acercó y beso sus labios con un roce, había llegado y estaba ahí, sentada sobre su sillón tan blanca y misteriosa, con los coquetos ojos fijos en él y la esperanza dibujada en su sonrisa.
Ninguno de los dos lo sabía.

Después del Ostara y antes del aniversario de Cáncer el cosmos los unió, él la había llamado desde antes con los sueños colgados en las estrellas y el desvarío en sus venas, pero ella sólo llegó a la ventana como un suave vapor fugitivo, mas ahora estaban ahí tan reales como la imaginación.

Ninguno de los dos lo sabía.

Ella lo había olvidado, había recorrido las calles con un pequeño vacio escondido en su corazón, bajo el amor de su madre, a la derecha de la amistad, sí, junto a la nostalgia. Se había convencido de ser una Santa o una Salamandra urbana pero nada de esa identidad rellenaba el huequito que algunos ratos punzaba con intensidad.

Ella no lo sabía.

Él estaba satisfecho con su vida, había logrado una estabilidad que pocos alcanzaban, y sabía por donde seguir, sus ojos podían ver el camino y su espíritu podía avanzar sin problemas.

Él no lo sabía.

La llevó a una peña, rico bosque mágico que sólo los de corazón puro pueden comprender, ella lo había olvidado, pero la sangre llama. De sus manos destiló la esencia de su signo lunar y el perfume de la madera erizó su piel como sólo la danza había podido.

Ya había ido a otros bosques, pero no con el carnero, no con alguien de corazón puro que la haría recordar.

Él corrió hacia el árbol y le mostró como compenetrarse, como tomar su forma, adquirir su superficie, jugar con las hojas, sentir las raíces bajo la tierra húmeda y escuchar el susurro del viento. Lo logró, logró convertir su femenino cuerpo y el del árbol en uno mismo, pero sólo por un breve momento porque la razón de la ignorancia pasó rápidamente.

Caminaron, él le mostraba y ella vibraba, la sangre llama.

Cansada por la confusión se sentó en una banca e inconscientemente tomó unas varas, él se sentó junto a ella y le comenzó a hablar de cosas mágicas que se hallaban alrededor, ella lo escuchaba y sin darse cuenta dibujaba con las varas olvidados ritos en la tierra. -Llévame a la Sierra de Oaxaca a conocer a la bruja Doña Cata- La sangre llama.

Abandonó la banca y se sentó en el pasto, él se sentó junto a ella y beso su desnudo hombro con un roce y entonces ella pudo ver las hadas, unicornios, duendes, brujas, sátiros … todo lo que había olvidado, todo lo que no se podía ver siendo una falsa Salamandra o Santa urbana. Puso sus manos sobre el pasto y se compenetraron en uno solo, él los acarició -Qué linda ninfa del bosque- sus ojos brillaron, el hueco estaba rellenado porque ahora todo tenía sentido, lo había recordado, era una ninfa… una ménade.

Ella lo sabe, ahora es el turno de él …


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